El día 6 de la misión, partió un poco incomodo, porque una hemorragia nasal me despertó a las 5:11 de la mañana y había puesto el despertador a las 5:25. No se asusten, siempre me pasa eso con tanto calor o con los cambios bruscos de temperatura. Nos vinieron a buscar a la hora acordada y partimos nuestro viaje hacia San Cristobal.
En el viaje fue muy grato compartir ideas con John, visiones, experiencias y anhelos. Además compartimos gustos musicales con Robert, Alex y Fabio. Los paisajes eran hermosos, pasamos por el borde de muchos acantilados y había mucho verde por todas partes. La fraternidad entre nosotros cada día aumentaba más.
Después de 9 horas de viaje, llegamos por fin a San Cristobal, al lugar donde iba a ser el concierto. Nos esperaban más de 40 personas, jóvenes y organizadores del evento, con pancartas y con una sonrisa muy linda en cada uno de ellos…nada mejor. Fue allí, donde pude conocer a Yuseli, una joven, llena del amor de Dios, que al vernos llegar, le brillaban sus ojos de alegría y de emoción, es esa alegría que tú sientes por una persona por las que has orado mucho para que este bien y para que nada malo le pase y que al verla bien, puedes sentir el gozo y la certeza en tu corazón, de que Dios ha escuchado tu plegaria. Conocí también a Vladimir y a su familia, un hombre del cual rebosa el amor y la generosidad, para con los proyectos de Dios, motor fundamental de todo este proyecto de amor en San Cristobal. Estaba también el Padre Jean Carlo, un sacerdote joven, pilar fundamental también, de esta aventura en Jesús.
El lugar era un estacionamiento de un pequeño centro comercial; había un Subway, una tienda de motos, la hermosa capilla de la Virgen de la Natividad y la Emisora Radionatividad. Nos bajamos saludamos y pudimos contemplar las 1500 sillas que estaban en ese lugar, la tarima y el sonido que estaba dispuesto. Lo primero que nos mostraron fue la capilla. Hace mucho tiempo que no entraba a un lugar y sentía tanta unción. Hermosa y llena de fotografías de Jerusalén, muy cálida, acogedora, donde fue inevitable colocarse de rodillas para recibir esa presencia de nuestro Dios. Luego fue el turno de conocer la Emisora Radionatividad, un hermoso proyecto, equipos de primer nivel, una idea que surgió y se desarrolla gracias a la generosidad de muchas personas, que creen en un San Cristobal y en un estado de Zulia, lleno de la presencia de Dios, respondiendo al llamado de Jesús y de la Iglesia, “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que los pueblos tengan vida en El”. (www.radionatividad.com)
Después de un rico almuerzo en Subway y de empezar a conocer a los héroes anónimos de toda esta misión, probamos sonido y nos llevaron al lugar donde pasamos la noche. Era una casa de retiro que estaba en la cima de un cerro, de la Familia Fuente Real, comunidad cuya misión es trabajar con las personas para que puedan sanar las heridas de su corazón, en distintas etapas de su vida, comenzando desde el vientre materno. Es maravilloso poder saber que tenemos un Sanador, llamado Jesucristo, que puede ir a nuestro pasado y cortar la raíz de nuestras enfermedades y curarlas por completo. Conocimos al Fundador de la comunidad, el Padre Stephen Harney un hombre lleno del amor de Dios y de su bendición.
Ya listos para el concierto, nos trasladamos al lugar, escuchando la Radionatividad en el auto. Llegando, nos esperaban unas 800 personas y nos recibieron con un cariñoso aplauso. Después de un grato momento de oración, comenzamos esta nueva aventura con Jesús. Estuve cantando y orando con San Cristobal por 1hra aproximadamente, donde pudimos alabar y adorar a nuestro Señor, gozarnos en su presencia y en su amor. Fue todo maravilloso. Luego fue el turno de John, donde el Señor pudo terminar su obra, sanando heridas del alma, en muchos jóvenes y familias. Donde una persona que sufría del dolor de una pierna y le costaba moverla, pudo subir la escalera de más de 2 metros de altura del escenario. Fue hermoso ver a Jesús manifestarse a través de la música y de la oración, con signos tan concretos, que a veces por falta de Fe, los necesitamos como Tomás (Jn 20, 25). La gente pudo adorar a Jesús sacramentado y llorar a sus pies, restaurar sus vidas bajo su mirada.
El concierto finalizó y nos quedamos para compartir con la gente y recibir su cariño y estimación. Fue allí, cuando se me acerco un matrimonio de un ciego y su esposa (vidente), con sus ojos llenos de alegría, me agradecieron por todo, fue tanto el cariño que fue inevitable retribuirles y oré por ellos, deseando que Jesús siga llenando su vida de su amor.
Finalizamos, obviamente comiendo y con la sorpresa de una vacuna que nos protegería del AH1N1.
Al otro día, me desperté sintiéndome no muy bien, con un leve malestar estomacal, recordando las más de diez empanaditas heladas, que me había comido en la noche. Con un pequeño dolor de cabeza también, me imagino que producto de la vacuna.
Ese día correspondía descanso, ya que al otro día, nos esperaba un viaje de 28 hrs hasta Ciudad Bolívar. Así que nos reunimos en el Subway, para almorzar. Como yo estaba delicado de mí estomago, el Padre Jean Carlos, se ofreció gentilmente para llevarme a otro lugar.
En el almuerzo y en el trayecto, pude compartir con los seminaristas y el Padre, intercambiar experiencias, testimonios de vida y maravillarnos de cómo Dios actúa de la misma forma, en distintas partes del mundo. Terminamos de almorzar y nos fuimos a la Santa Misa en la Capilla de la Virgen de la Natividad.
Al llegar al lugar, en el Subway estaban los chicos, con más de 50 jóvenes, esperando para vivir la misa. Cantamos en la misa, la vivimos con mucha profundidad, pero el mejor momento fue la exposición del Santísimo Sacramento. Fue al final de este momento, cuando nos invitaron a pasar adelante y el Padre Jean Carlos, nos hace tomar la custodia del Santísimo Sacramento con una mano. Allí estábamos todos, siendo servidos por nuestro Señor, llenándonos de su amor y de su fortaleza, diciéndonos, ánimo Yo estoy con ustedes, Yo voy delante de ustedes en esta misión, continúen…Fue un momento maravilloso. Luego cantamos unas alabanzas a nuestro Señor y nos seguíamos gozando en El. Finalizamos la noche compartiendo una exquisita comida, con los organizadores y jóvenes de San Cristobal.
Al otro día, ya mucho mejor del estomago, nos levantamos con la idea de viajar las 28 horas hasta Ciudad Bolivar, ya habíamos sacado las cuentas, estimando una hora de salida y ya estábamos un poco atrasados. Teníamos cierta incertidumbre porque nadie estaba apurado por salir, fue una situación confusa. Ya estábamos listos para salir y nos empezamos a despedir de los miembros de la comunidad Familia Fuente Real. Una de las cosas más lindas fue que al despedirnos del Padre Stephen Harney, quien amablemente nos da su bendición y nos ungió con aceite en nuestras manos y cabeza.
Al momento de reunirnos con Jon y los organizadores, nos dan la maravillosa noticia de que habían costeado los pasajes de todos para irnos en avión a Cuidad Bolivar. Fue un gran alivio para todos.
Todavía recuerdo nuestros hermanos de San Cristobal, despidiéndose de nosotros, incluso cuando el avión se acomodaba en la pista. Fue un despegue especial el de la aerolínea Rutaka, recordé algunas oraciones que tenían en el olvido, pero despegamos…
Gracias San Cristobal!
Dios los bendiga
Atte
Felipe Cáceres.